martes, 12 de mayo de 2015

LECTURA SALUDABLE SOBRE:"El equilibrio a través de la alimentación"

La dieta europea tiene demasiados productos refinados y demasiadas
proteínas animales, demasiados lácteos y mantequilla o margarinas o
grasas fritas. 
Todos ellos son alimentos demasiado densos par la vida
sedentaria de la mayoría.
Se le está empezando a coger respeto a las grasas por aquello del
colesterol y del infarto, pero todavía estamos lejos de cogérselo a
alimentos aparentemente tan inofensivos como el azúcar o el pan blanco.
Y es que los efectos no son de hoy para mañana.
Un investigador checo, el doctor Bemásek, experimentó con ratas
las consecuencias de una alimentación a base de harina blanca a la que
se había añadido todos los nutrientes esenciales (vitaminas, minerales,
lípidos y proteínas). 
Al cabo de un año y en algunas ratas sólo en su
descendencia, aparecía, entre otros problemas una degeneración del
esqueleto y de los ligamentos. 
Y como un año para una rata supone 30
para el hombre, los problemas por comer productos refinados a lo largo
de los años, empezarían a aparecer al cabo de 30 años.
Por algo se dice: "La belleza hasta los 30 es un regalo de la Naturaleza y a
partir de ahí, cada uno tiene la cara que se merece". 
Pero no hace falta
esperar hasta los 30 para encontrarse con dolor de huesos, úlcera de
estómago, barriga, papada, insomnio...
Hay otros muchos problemas relacionados con la mala nutrición que se
consideran normales en los niños y adolescentes por la simple razón de
que los sufren casi todos: caries, alergias, infecciones múltiples,
nerviosismo, etc.
Un estudio sobre niños en edad escolar, revela una correlación
significativa entre el número de caries y el tipo de alimentación: pan
blanco, azúcar blanco. 
La mejoría procurada por la toma de flúor es poco
evidente. 
Los niños que lo toman regularmente tienen al final peores
dientes que los que lo toman sólo de vez en cuando.
También nuestro cerebro se resiente con nuestros errores alimenticios.
Como afirma el neurobiólogo francés Jean-Marie Bourre en su libro "La
dietética del cerebro": "comer mal atonta". 
El abuso de azúcar y productos que la contienen (bollicaos, donuts, chupa-chups, gominolas y demás chucherías) tan consumidos por nuestros jóvenes, producen entre otros muchos efectos, disminución de la capacidad de concentración mental. 
Prueba de ello es que que los adultos, sobre todo las mujeres
solemos tomar dulces de una manera inconsciente cuando queremos
olvidar nuestros problemas; los olvidamos al ser incapaces de concentramos
en ellos. 
Por la misma razón el hombre se va a la bebida.
Sin embargo hoy se afirma, sobre todo en los círculos médico-políticos,
que la salud de los pueblos civilizados jamás había sido tan buena como
ahora. 
Como prueba estadística se aduce el continuo aumento de la
esperanza de vida. 
No obstante, las cifras estadísticas de muerte no
hablan en ningún caso sobre la frecuencia de la enfermedad, por lo que
transmiten la idea errónea de que el estado de salud general está
mejorando. 
Si las estadísticas se basaran no en las muertes sino en las
enfermedades, llegaríamos a un resultado bien diferente: cada vez
estamos más enfermos aunque tardemos más en morirnos.
Es difícil tomar la responsabilidad de nuestra salud en un medio en el que
la Ciencia y el Progreso se encargan de todo. 
La industria farmacéutica y
dietética nos ha hecho creer que el cuerpo humano necesita
continuamente supervisión médica, fármacos, vitaminas encapsuladas y
complementos dietéticos para permanecer sanos. 
En la mentalidad de casi todos está el achacar sus problemas a factores ajenos a ellos: el frío, un virus, la mala suerte, la contaminación, ... Es cierto que estos factores influyen, pero no son determinantes.
Estamos convencidos de que la gripe del invierno pasado se debió al virus
de turno y en realidad lo que ocurrió fue que el virus, al encontrar un
lugar apetecible estuvo muy gustoso de quedarse en él.
Los microorganismos sólo proliferan cuando el medio interno es
adecuado para ellos, y el medio interno se altera fundamentalmente con
lo que ingerimos.
Muy pocos se cuestionan que incluso los tan consumidos lácteos puedan
alterar su medio interno y causarles problemas.
El profesor americano William EIlis se ha ocupado durante años del tema y
ha encontrado una relación directa entre el abundante consumo de
lácteos y diversas alteraciones como alergias, otitis, faringitis,
mucosidades, tumores... 
Todas estas investigaciones no habrían hecho falta si nos hubiéramos dado una vuelta por el campo observando atentamente. 
No encontraríamos ningún animal adulto mamando y mucho menos de hembras de otra especie diferente a la suya.
¿Enfermedades o defensas desarrolladas?
Todo organismo con energía pone en marcha unos mecanismos de
defensa que muchas personas confunden con enfermedades y se
apresuran a cortarlos. 
Algunos estados desagradables como el dolor, la
tos, la fiebre, el vómito, la diarrea, la fatiga, el estornudo y la inflamación,
indican que nuestros mecanismos de defensa están en acción. 
Por ejemplo, la tos elimina cuerpos extraños de los pulmones.
La capacidad de sentir dolor también es una defensa; los contados
individuos que carecen de tal sensación no experimentan molestias
cuando permanecen en la misma posición durante largo rato. 
Este estatismo antinatural dificulta el riego de las articulaciones y fomenta su
deterioro. 
Tales individuos suelen morir precozmente en la edad adulta
por lesiones de los tejidos y por infecciones.
NO ES LO MISMO DIETA EQUILIBRADA QUE EQUILIBRIO A TRAVÉS DE LA
ALIMENTACIÓN
El concepto de dieta equilibrada surgió pensando en los alimentos que
proveen los nutrientes necesarios para el sustento, pero ha quedado un
poco desfasado, porque establecer alimentos para que nos den un
mínimo de nutrientes, nos ha llevado a tener otros en exceso, de los que
no nos preocupábamos o que simplemente desconocíamos. 
No se trata sólo de cumplir los mínimos, sino de no exceder los máximos, y de elegir adecuadamente la procedencia de los nutrientes.
La dieta no es algo que se pueda medir matemáticamente, aislando
determinados elementos. 
Los científicos han identificado como nutrientes en la dieta unos 60 elementos. 
Pero cada vez están saliendo nuevos componentes cuyo efecto era desconocido. 
Por eso hemos de comer lo que la naturaleza provee; cuanto más fresco, mejor, y no tomar elementos artificiales parcialmente separados y producidos en proporciones que no sabemos si son las correctas. 
De nada sirve tampoco tomar suplementos vitamínicos y luego seguir con la mala dieta de siempre.
Vivimos momentos de confusión, no sabemos a quién hacer caso. 
El verdadero problema es que nos hemos apartado tanto de la naturaleza
que nuestra intuición y sentido común se han perdido. 
No nos queda más remedio que recurrir a las bases de la ciencia, para después de un largo recorrido encontramos de nuevo con la naturaleza.
La dieta más equilibrada es aquella que resulta compatible con el mejor
estado de salud para cada uno. 
El estado de salud depende además de la constitución, del medio en el que vivimos y de cómo nos movemos en él.
Nuestro cuerpo es como un coche que durará más o menos y en mejores
o peores condiciones según lo conduzcamos. 
Claro que no todos los coches son iguales, a unos les toca conducir un mercedes y a otros un cuatro latas. 
Lo primero es tomar conciencia de lo que tenemos entre manos. 
Está claro que el cuatro latas no se puede permitir el lujo de correr
tanto como el mercedes, tiene el peligro de quemarse. 
Cada uno tiene una constitución heredada que no puede cambiar, pero sí mantener y sacarle el máximo rendimiento; ese es nuestro deber con la Naturaleza como partes integrantes que somos de ella.

Extraído del libro "El equilibrio a través de la alimentación"



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