sábado, 6 de junio de 2015

MASTURBACIÓN EN LAS MUJERES

Las mujeres también se masturban, aunque a ellas les suele afectar más que a los hombres el tabú sexual que pesa sobre esta práctica. 
Claves de la masturbación femenina.
Según la definición de Woody Allen se trata de “sexo con uno mismo” y, en última instancia, de “sexo con alguien a quien quieres”.
Es una definición interesante de la masturbación porque implica sentimientos y emociones importantes que se relacionan con esta práctica sexual valiosa y cultivable, muchas veces mecanizada e hipersexualizada.
Como cualquier acto relacionado con nuestra sexualidad, la masturbación está rodeada de expectativas, sentimientos, deseos, dudas, conflictos…, y por ello es importante centrarse en la cuestión nuclear que invade lo humano, pues en cualquier práctica sexual las personas somos mucho más que nuestros genitales y su estimulación. 
La masturbación nos da la oportunidad de comprobarlo en un espacio íntimo y ajeno al juicio de los demás. 
Es un momento de plena libertad que nos conecta con lo más íntimo de nuestra esencia sexuada y es, en definitiva, una experiencia al alcance de cualquier mujer que decida y desee practicarla, a excepción –que no es ignorable– de que viva en –o se encuentre de viaje por– un país en que esta práctica se considere un delito.
Edad de inicio de la masturbación en mujeres y frecuencia
Las mujeres, por lo general, empiezan a masturbarse en la pubertad y al comenzar la adolescencia, aunque también se dan casos de inicio durante la infancia, como recoge el Informe Hite, un macro estudio sobre la sexualidad humana.
Si bien la percepción de la calidad de la experiencia es similar para ambos sexos, la frecuencia entre las mujeres, en términos de tendencia, es menor que entre los hombres. 
Esto quiere decir que aunque nada impide que haya mujeres que se masturben con mayor frecuencia que muchos hombres, no es así para la mayoría de la población femenina. 
Por supuesto, hay mujeres que deciden no masturbarse, y otras que empiezan durante la etapa adulta. 
No hay una norma para ello y la iniciación en esta práctica sexual parece darse de forma más escalonada que en el caso de los hombres.
Igual que ocurre con la masturbación masculina, en las mujeres tampoco hay una frecuencia que se considere más normal que otra para la autoestimulación, sino que el ritmo puede ser más o menos afín a nuestros impulsos y deseos; ni siquiera hay una edad más idónea o adecuada para iniciarse en esta práctica, ni un momento en que deba finalizar.
El deber mata el deseo, y la masturbación genuina surge del deseo de cada mujer, pero no de la imposición de unos deberes o unas normas sociales preestablecidas. 
Por consiguiente, lo mejor es dejarse llevar por el propio ritmo, porque la frecuencia varía a lo largo de la vida de cada mujer en función de sus creencias, sus deseos, y sus circunstancias vitales.

Es una falacia que la sexualidad de las mujeres acabe con la menopausia. Tanto es así, que no son pocas las mujeres que siguen masturbándose en esta etapa de su vida, y disfrutando de las sensaciones y placeres de la autoestimulación voluntaria, libre y deseada, hasta el final de sus días. 
Otro gran mito es que desaparezca el interés por el sexo en la tercera edad. De hecho, es posible que muchas personas, y en especial las mujeres, hayan sufrido la pérdida de su pareja en esta etapa y contemplen la masturbación como una alternativa valiosa y satisfactoria. 
En conclusión, la masturbación contribuye tanto a propiciar el bienestar emocional, como el bienestar físico y sexual, independientemente de la edad.
Cómo se masturban las mujeres
Datos procedentes de distintas investigaciones señalan que la forma en la que se masturba la mayoría de las mujeres es la estimulación manual de la vulva y el clítoris; no obstante, existe una gran variedad de opciones que también emplean las mujeres para su autoerotismo. 
Una de ellas consiste en el uso de un vibrador para estimular la zona genital con vibraciones de diferentes intensidades. 
Hay mujeres que alternan la estimulación de la zona del clítoris y la vulva con la penetración vaginal, ya sea con los dedos, o bien con un juguete erótico; y algunas, aunque son menos las que lo hacen, alternan estas estimulaciones genitales con la estimulación anal, con o sin penetración.
Algunas mujeres incluyen en su repertorio de autoestimulación la modalidad de juntar los muslos y presionar para realizar un masaje excitante sobre la zona clitórico-vulvar, o utilizan el chorro de la ducha con el mismo fin.
Con respecto a la postura que adoptan para masturbarse, a algunas mujeres les gusta hacerlo mientras permanecen tumbadas boca arriba, y otras prefieren estar boca abajo, o estimularse sentadas, con un movimiento rítmico de sus caderas sobre el brazo de un sofá mullido u otro objeto sugerente.
En la actualidad, con el boom de los juguetes eróticos, ha empezado a tomar relevancia combinar la estimulación a distancia e incontrolada; por ejemplo, ella deja el mando de un huevo vibrador que ha introducido en su vagina, en manos de su pareja, y salen a bailar o a cenar a un restaurante con amigos, al cine…, y ella se deja sorprender por la excitación y el orgasmo. 
En este tipo de veladas, algunas mujeres encuentran una poderosa fuente de excitación y de placer sexual. 
Otras lo encuentran en la búsqueda del punto G.
Por supuesto, como en el caso de los hombres también entre las mujeres existen miles de matices, que hacen de cada autoestimulación un acto único e irrepetible. 
Cada mujer tiene sus preferencias personales y peculiares, pues a algunas les gusta la estimulación directa del clítoris, mientras que otras prefieren que esta estimulación sea más suave y se realice de forma indirecta a través de los labios menores, o con una estimulación global de la vulva. 
Algunas prefieren la estimulación en círculos, otras de arriba a abajo o en diagonal, y la mayoría prefieren no empezar la estimulación de la zona genital hasta que sienten que su vulva, clítoris, y vagina, están preparados para ello. Las caricias sensuales en las zonas erógenas y las fantasías sexuales juegan un papel destacado en esta preparación y son también, en no pocas ocasiones, una parte importante de la masturbación en las mujeres.

¿Masturbarse es saludable para las mujeres?
Sí. En nuestra sexualidad también se aplica el dicho de “aquello que no se usa, se atrofia”. Al poner en funcionamiento todo el mecanismo de la respuesta sexual de forma libre y autodirigida, las mujeres resuelven dos cuestiones de vital importancia: un proceso de auto-conocimiento de los modos más efectivos para generarse placer, y un excelente mantenimiento de las funciones sexuales, ya dado que la autoestimulación contribuye a mantener el trofismo adecuado de la zona genital y sus funciones.
Para mejorar el efecto saludable de la masturbación en las mujeres se pueden practicar los ejercicios de Kegel para fortalecer la musculatura pubococcígea, de forma que no solo ganaremos en salud del suelo pélvico, sino que nuestros orgasmos serán más intensos, dado que las contracciones musculares de la zona genital, por estar en mejor forma y más tonificadas, serán más placenteras.
Finalmente, y es un dato interesante a tener en consideración, diversas investigaciones indican que existe una asociación entre la práctica sexual continuada a lo largo de la vida de una mujer (incluida la práctica de la masturbación) y la salud sexual en la etapa adulta y durante el envejecimiento.
En la esfera psicológica la insatisfacción se asocia generalmente al sentimiento de culpabilidad y a la sensación de inadecuación a las normas sociales y a la normalidad sexual establecida que puede llegar a experimentar la mujer cuando se masturba. Por ejemplo, una de las falsas creencias arraigadas en nuestra sociedad es que ‘masturbarse es cosa de hombres’, y en determinados círculos todavía se considera que la masturbación femenina es inadecuada, o inexistente. De hecho, si nos basamos en las estadísticas proporcionadas por diversas investigaciones veremos que es difícil sacar conclusiones definitivas, ya que los porcentajes de las mujeres que se masturban oscilan entre el 13% y el 98% en función del estudio.
En nuestros días parece que ya no tiene sentido afirmar que la masturbación es cosa de hombres y no de mujeres, ni tampoco que sea un acto más reprobable para ellas, alegando que sus necesidades fisiológicas son menores, lo que tampoco es cierto. En suma, entre los derechos sexuales de las personas está la libertad de masturbarse, y es un derecho sexual de todo ser humano según la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU.
Algunas mujeres se sienten culpables porque piensan que han de reservar todo su deseo sexual para la pareja; sin embargo, la masturbación femenina no merma el deseo de una mujer; por el contrario, al darle libertad y satisfacción, le permite entrar en una rueda positiva que va aumentando y alimentando su deseo sexual.

La masturbación de las mujeres en pareja no implica que algo no funcione en la relación, ni siquiera que la mujer sea demasiado sexual, o que su pareja no vaya a poder satisfacer sus necesidades y deseos sexuales. En definitiva, la masturbación femenina no tiene un significado negativo para la relación de pareja, simplemente favorece una mayor libertad en la expresión sexual.
Falsos mitos sobre la masturbación femenina
Es posible que alguno de estos falsos mitos sobre la masturbación femenina que citamos a continuación haya influido de algún modo en tu vida sexual:
Cuando una mujer se masturba es debido a que su pareja no la satisface.
Si una mujer tiene pareja, es anormal que se masturbe, algo raro pasa en la relación.
Las mujeres que se masturban son demasiado sexuales, o unas ninfómanas, y por eso no son de fiar.
Si tu mujer se masturba, seguramente acabará siéndote infiel porque es un signo de la insatisfacción sexual que siente contigo. 
Ponte las pilas.
Las mujeres que se masturban pierden su deseo por la pareja.
Todas estas creencias no tienen un fundamento científico y, en general, surgen del miedo a perder a nuestra pareja y del temor a no satisfacer sus necesidades de forma adecuada. 
La realidad es que la masturbación en sí misma es inocua para la relación, pero estos miedos y creencias sí que pueden resultar perjudiciales, ya que nos hacen actuar de formas poco adaptativas, con recelo y desconfianza, y merman nuestra creatividad y nos bloquean.
Por consiguiente, estas actitudes y comportamientos pueden tener consecuencias negativas para la buena marcha de la relación, y contribuyen a perpetuar esos mitos poco realistas sobre el significado de la masturbación de las mujeres.
¿Porque a los hombres no se les hace esas afirmaciones? ...

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